
La selección es un cabaret, dicen. Maradona es la vedette censurada por la FIFA (un organismo con un nombre apropiadísimo para la ocasión), por mandar a la caterva de críticos a que "la sigan chupando". Bilardo es como esa vieja madame que alguna vez se la respetó por su belleza y que hoy vive de las fotos del pasado, sin poder despertar admiración con ese cuerpo atado con ropas para no desvencijarse por completo. Mancuso es la chusma que le sopla rumores a Diego y Lemme el único mártir que hasta ahora se cobró esta novelita de producción enteramente nacional.
Encima los jugadores andan con pretensiones de cartel y no les gusta si los corren al banco de suplentes; entonces se quejan por lo bajo, por lo alto y por las dudas. Total, si hay fracaso en Sudáfrica la culpa la tendrá cualquiera menos ellos, que hacen muy bien su tarea: hacer creerle a la gente que se vienen desde Europa por amor a la patria.
Si la camiseta pesa, si nadie conforma a un técnico que ni siquiera amaga con renunciar y para Don Grondona "todo pasa" habrá que buscar variantes.
Al menos si el cabaret va a seguir, que sea con glamour: "Juez, sale Messi y entra ella, Pamela David".
Encima los jugadores andan con pretensiones de cartel y no les gusta si los corren al banco de suplentes; entonces se quejan por lo bajo, por lo alto y por las dudas. Total, si hay fracaso en Sudáfrica la culpa la tendrá cualquiera menos ellos, que hacen muy bien su tarea: hacer creerle a la gente que se vienen desde Europa por amor a la patria.
Si la camiseta pesa, si nadie conforma a un técnico que ni siquiera amaga con renunciar y para Don Grondona "todo pasa" habrá que buscar variantes.
Al menos si el cabaret va a seguir, que sea con glamour: "Juez, sale Messi y entra ella, Pamela David".