domingo, 9 de mayo de 2010

Testimonio


Mientras él está siempre, ella vuelve todo el tiempo. De él todo se sabe. De ella, en cambio, se supone, se modifica, se parcializa. Y cuando coinciden en tiempo y espacio sobrevienen las comparaciones. El es el presente. Ella, la memoria. El es ahora, ya, lo que se ve. Ella es ayer, lo que fue, lo que se cree que fue.
En el fútbol los jugadores actuales son escrutados bajo múltiples cámaras de televisión. En cambio los otros, los que alguna vez jugaron, son amparados por la nostalgia de los que nos cuentan historias. Colocados en diferentes dimensiones, los abuelos juran que no hubo jugadores como los que ellos vieron.
Para no caer en la refutación masiva, propongo aceptar la leyenda, pero sin obviar la siguiente confesión. Mi abuelo antes de morirse me reveló el gran secreto:
—Sabés lo que pasa, nosotros ya estamos viejos y necesitamos rescatar nuestros tiempos de juventud del óxido.
—¿Y por qué mienten?— le pregunté
—No mentimos, ponderamos lo que sentimos como propio para sentirnos un poco mejor.
Entonces entendí ese gran complot tácito de los abuelos para hacernos creer que antes había futbolistas inigualables. Superhombres capaces de hacer jugadas tan maravillosas como irrepetibles para los jugadores terrenales que nosotros vemos cada fin de semana.
A mí me lo dijo mi abuelo, que decidió romper ese pacto de los abuelos:
—No hubo otro como Maradona— me reveló.
Y se murió con una sonrisa liberadora. Me había dicho la verdad.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

HO VISTO A MARADONA!!!!!!!!!!

Anónimo dijo...

En la vida del futbolista el paso de profesional a ex jugador es durísima, de pasar como bien dices a estar expuesto a todas las cámaras a comenzar a ser parte de la historia interminable de prematuros jubilados del protagonismo.

Natalia dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

Marce vas a lograr lo imposible: que me importe el fútbol.

besos

marce / lechu dijo...

Aclaración: Naty yo no suprími tu comentario. Este blog, evidentemente, tiene vida propia.

Lamento que haya desaparecido lo que escribiste con tanta ternura!

naty dijo...

No, lO desaparecí yo sin querer. queriendo agregar más cosas, lo eliminé y no me dejó volver a escribir (con lo cual adhiero a eso de la "vida propia" del blog).

Es que no estoy muy amigada con la tecnología!
Pero que bueno que lo pudiste leer.
Me gustó mucho este cuento.
Beso.