jueves, 21 de mayo de 2009

Subidos de tono



No hay en el mundo más colores juntos que en Purmamarca, Jujuy. El cerro de los siete colores es apenas una nomenclatura que sintetiza una sensación multiplicada. Los que allí viven, sin decirlo, saben que no los rodea un gran cerro.
La verdad me la confesó una lugareña, que me pidió reservas de identidad. De ella recuerdo, principalmente, una frase:
—El cerro es como una cajita rocosa, llena de minerales, con la que se maquilla nuestra coqueta provincia.
La señora, colla ella, sonrió tibiamente y se marchó pisando tierra seca.
Antes de perderse definitivamente de mi vista, giró y susurró:
—Aquí la esperanza no es verde, ni la vida color de rosa. Aquí la vida y la esperanza no pueden ser de un solo color.
A mi lado se quedó el pequeño hijo de la colla, quien hacía jueguitos con una naranja. Le pregunté si era porque no tenía pelota que se entretenía con una fruta.
Me contestó que la naranja era redonda, como una pelota. Y que también, al igual que una pelota, tenía gajos.
Mientras me explicaba la razonable analogía, me hizo un caño con esa pelota color naranja. De la vergüenza, se me subieron todos los colores a la cara.

4 comentarios:

AYE dijo...

A mí me dijo un lugareño que ese cerro no es uno de un solo color, sino muchos juntos (uno de un tono diferente) que, desde lejos, parecen uno.
Bienvenido! Yo te voy a leer todos los días.
Besos!

Etienne dijo...

La esperanza, los sueños, la vida. Entidades, cosas que no pueden tener un solo color.
Los equipos de fútbol también usan el folclore del color para diferenciarse.
Y para eso, además, están las tonalidades.
Saludos desde la Ciudad!

Pela dijo...

Brillante Lechu, aun no he estado en este lugar, espero sea tan lindo como lo pinta tu texto

Ileana dijo...

Aca estamos en tu blog marce...y que mejor para reencontrarnos virtualmente que a traves de jujuy, que nos junto en la realidad si es que la existe. Un beso loco!