domingo, 4 de septiembre de 2011

Verdaderos legados


Hace muy poquito escuché a un chico quejarse ante su abuelo porque no le creía lo que ese hombre le contaba de un jugador maravilloso, que le sacaba la lengua a los arqueros para distraerlos antes de hacerles el gol. Enojado, el chico le insistía a su abuelo por historias reales, cualquiera sea que él le pudiera creer. Y me quedé pensando. Un rato, bastante rato. Me consuela suponer que ese señor canoso finalmente podrá transmitirle la magia del fútbol a su nieto, con otras verdades mentidas.
Ese chico y su abuelo activaron mi propia máquina del tiempo. De pronto recordé que siempre me gustó que mis abuelos me mintieran leyendas de fútbol. Para mí, ésas eran las historias auténticas.
Si yo tuviera nietos le inventaría verdades que sucedieron en una cancha de fantasía. Y estoy seguro de que no podrían resistirse a la risa o la exclamación exagerada. Les contaría con la convicción que ameritan los relatos legítimos que una vez un futbolista se gambeteó a sí mismo y no pudo volver a verse. También me deleitaría que creyeran que hubo un delantero que no quería hacer goles porque le gustaba que la gente estuviese en silencio. Si exigieran explicación, les diría que los evitaba porque esa calma muda le hacía acordar a las siestas de la infancia, en la casa de sus abuelos.
Y trataría también de impresionarlos con el arquero al que le hicieron miles de goles, porque se dedicaba a atajar la sombra de la pelota. Ese era un hombre –les indicaría- al que le gustaban los grandes desafíos.
Por último, los entusiasmaría con la fábula del árbitro que prefería amonestarse y hasta expulsarse antes que sancionar a los jugadores. Argumentaría que, al parecer, de chico había sufrido demasiado castigo y quería salvar de esa suerte a los futbolistas.
Yo quiero contar esas historias. Me sentiría como un equipo que gana por goleada si ellos, mis futuros nietos, alguna vez se dejaran seducir por estas verdades y no por la realidad, siempre tan irreal.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Marce,

no había leído éste: "Les contaría con la convicción que ameritan los relatos legítimos que una vez un futbolista se gambeteó a sí mismo y no pudo volver a verse."

Qué hermoso, como aventuras de Don Quijote en la cancha.

Besos
I Ele